LA NAVE DE LOS LOCOS por Juan Calzadilla:
Insane Nao. Quinta "La Isabela". Agosto 2006.
El más reciente trabajo de Héctor Ernández tiene por centro temático la famosa obra del poeta Alemán Sebastián Brandt La Nave De
Los Locos.
Para realizarla el artista utiliza reproducciones de los principales grabados que ilustran el libro de Brandt, creando con esas imágenes, como producto final, una
instalación cuya forma se corresponde con la estructura cóncava o semi-oval del tipo de nao común en los primeros tiempos del Renacimiento.
Los relatos menos esotéricos sobre la nave de los locos coinciden en señalar el propósito que se perseguía con esta extraña y
mítica embarcación. Servía a una práctica punitiva que consistía en encerrar en ella a locos, indigentes e inadaptados que no
podían ser controlados en los centros de reclusión para arrojarla luego al mar sin rumbo fijo ni destino con el objeto de que sus ocupantes murieran de mengua.
M. Foucault en su libro Vigilar y Castigar ha especulado en torno a esta estrategia espantosa, que no estaba en la legislación de los reinos Europeos pero que
contaba con el visto bueno de las cortes y la aristocracia. La práctica de lanzar al mar a los locos se extendió por Europa a fines de la Edad Media y
perduró de tal forma que su aplicación como sistema de castigo violatorio de los derechos humanos tuvo repercusión, mucho más tarde, en los
países latinoamericanos gobernados por dictaduras, tal como puede constatarse en la conducta de mandatarios que, en tiempos recientes, autorizaban la
desaparición de los presos políticos arrojándolos a la selva desde helicópteros en pleno vuelo. O haciendo campos de concentración de los
estadios deportivos.
Pero para Héctor Ernández el tema de la barca de los locos es ante todo un pretexto que, si bien no deja de tener un vínculo ético en
relación a la violación de los derechos humanos y a la proclamación que hoy se hace, en nombre de la libertad, de las guerras preventivas contra
países enteros, por otra parte constituye la estructura formal de una propuesta estética, abierta y expansiva, cuyo desarrollo implica considerar la
articulación que tiene, de modo coherente y concatenado, con otras propuestas del mismo artista.
Para Ernández pareciera natural integrar los lenguajes a partir de una matriz gestual y matérica que consiste en conjugar los los recursos de la
Pintura, la Escultura, el Ensamblaje y el Arte digital para constituir con todos ellos un Arte Objetual fundado en una Conceptualización de la experiencia que
se manifiesta antes y después de la realización de la obra, acompañándola e integrándose a ella, ya como literatura ya como
especulación teórica.
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Héctor Ernández nos ha habituado en sus obras a una morfología religiosa que se aparta del uso canónico que a través de la
historia se le ha dado a la hagiografía cristiana en el ritual y las actividades eclesiásticas.
Por el contrario, para realizar sus obras, prefiere los temas de una mística de signo herético y esotérico en donde entran en conflicto, o se funden
más bien, amorosamente, el dolor y el éxtasis, la sangre y el goce. Subvierte el orden que se empeña a en presentar como inconciliables la carne y el
espíritu. Dado que el amor a la divinidad es de la misma intensidad que el amor carnal al prójimo, perecedero recubierto de llagas, Ernández no cesa de
reflexionar en esta paradoja, que en su obra remite a la revelación de los estados de trance, a la culpa y la afrenta, a la caída, el pecado, la
salvación por el martirio, etc. De allí que, para dar un ejemplo, desobedeciendo la creencia común, no vacile en hacer encarnar a Santa Teresa de Jesús en un personaje erótico que "...muta la inmediatez carnal en el grito de su alma", para decirlo con palabras de Planchart Licea.
En general lo que hace el artista posmoderno en su afán de contemporizar con la antigüedad, es transportar las imágenes que toma de ésta para
instalarlas, debidamente reordenadas, en un espacio o contexto diferente en el cual el buen gusto y la banalización de los contenidos reinan. Ernández
contraviene esta disposición ecléctica y aséptica del artista actual para ocuparse, al mismo tiempo que contextualiza lo que toma de otras
épocas, para ocuparse –repito- de los aspectos profundos de la Psicología del Arte, que tocan al erotismo, al pecado, la muerte. Y sigue para esto un hilo
conductor que de etapa en etapa, o mejor, de exposición en exposición, va conformando un universo especular en el que, cual espejo, él mismo se
proyecta.
Ernández asume los bienes "transables" del arte: imágenes, objetos, temas (incluso la práctica del hurto ya consagrada por la tradición) desde
la perspectiva de un expresionismo sui generis , armado como está el artista de una técnica heteróclita cuyo eje principal es el collage
combinado con la mezcla del grabado, la pintura, el arte digital, la escultura en fin lo que considere necesario...
Ernández busca a toda costa la crispación de los sentidos y se siente conceptualmente preparado para plasmarla siempre que se le deje en libertad para
emplear el medio que fuere y el más apto para macular la materia inerte, el papel, el clavo, La hojilla de oro, la madera, todo metamorfoseado en la carne del
espíritu. Podría decirse que el compromiso de Héctor Ernández es con la Historia Del Arte y no con las modas. Que encuentre su principal
fuente de inspiración en un coto raigal que va de la Edad Media hasta el barroco de Bernini, con sus inconsolables vírgenes, y que haya puesto el dedo en la
llaga de las iglesias para hacernos comprender que la parte más viva de las religiones es aquella por donde mana o corre la sangre, hay que agradecérselo.
Juan Calzadilla
Agosto de 2006.